Casa Tvrdon

Yluvia Tvrdon

la reina de la paz

Cabeza del linaje de los ciervos, Yluvia ciñó el trono de Tehrhrad a los ocho años y llevaba ya veinte de reinado cuando la sombra volvió a moverse en el este. Hija de Radomil, nieta de Radovan, descendiente de la guerrera Vladia y del fundador Mieszko, gobernaba bajo un solo ideal —la paz—, y por él se ganó el nombre con que la nombran las crónicas: la reina de la paz. Estratega de temple frío y lectora insaciable, formada también en la disciplina marcial de la guardia de la ciudad, supo tender la mano a quienes el recelo de los siglos mantenía aparte: invitó a las hadas al Gran Torneo de Tehrhrad, gesto que rompió viejas desconfianzas y abrió la puerta a todo lo que vendría.

Yluvia no desciende de Briela por sangre. Fue Mindrael quien le puso al cuello el collar con la hoja de Drael Mor Den, donde dormía sellada la última magia de la tierra, el espíritu de Briela y de Ezra. Cuando ella y Etiel se amaron, aquella energía descendió hasta su vientre y se fundió en la concepción de Anmara: Yluvia fue la portadora, y la herencia que entregó a su hija no fue de linaje, sino de espíritu.

Sobrevivió a la caída de Tehrhrad y huyó al bosque de Ilüin, y de allí emprendió el largo viaje hacia el sur cargando consigo la profecía que ya latía en su propia sangre. Marcha entonces ceñida con la espada de Velimir, el hombre a quien llama padre, y en su corazón guarda intactos el temple político y la frialdad estratégica que la sostuvieron en el trono, ahora puestos al servicio de una sola promesa: la hija que lleva dentro.