Gastronomía de Moirën
Se conoce a un pueblo por lo que pone en su mesa. En las Tierras Altas, donde cada región tiene su clima, su tierra y su historia, la comida cuenta el mismo relato que las crónicas: quién tiene de sobra y quién hace con poco, quién vino de lejos y quién no se ha movido en mil años.
El Valle de Tehr y Tehrhrad
El valle es la despensa del continente. Sus tierras extensas y fértiles dan la mejor cebada de todo Moirën, con la que se elabora la cerveza de malta que corre en cada posada de Tehrhrad. De sus bosques y dehesas sale la carne de venado, el plato que define a la ciudad de los hombres; y de los abedules que colindan con el bosque de Ilüin se recogen frutos secos que acompañan tanto la mesa del pobre como la del señor.
El plato más célebre del valle es el guisado de venado, y nadie lo prepara como Foldan en su posada de la vieja Tehrhrad: una receta que la elfa guarda desde hace siglos y que ha hecho de su taberna parada obligada para quien conoce el camino.
Las praderas de Altan Tengriz
Los hombres montados de Kara-Orda comen como viven: a caballo y sin echar raíces. Su cocina es la de la estepa —carne asada al fuego, leche y cuajos de yegua, todo lo que se pueda llevar en la silla y aguante el viaje—, austera para el forastero y suficiente para quien ha de cruzar la pradera de un horizonte a otro.
Las cofradías de Torhim
Bajo la Montaña de Fuego, los enanos comen recio: carnes ahumadas que se conservan en la roca, panes densos y cervezas oscuras y fuertes, hechas para reponer el cuerpo después de la fragua. La mesa enana es sobria en formas y generosa en sustancia.
El bosque de Ilüin
Los elfos toman del bosque sin herirlo: miel, bayas, savia de abedul, frutos y hierbas que se conservan largo tiempo. Comen poco y despacio, y muchos de sus alimentos viajan ligeros y no se echan a perder, como conviene a un pueblo que mide el tiempo en siglos.
El desierto de Ben Ahj Ser
De las caravanas del lejano poniente llegan al valle, en tiempos de torneo, los sabores del desierto: dátiles y frutas secas, especias que valen su peso en plata y guisos lentos pensados para durar bajo el sol. Más que una cocina, es un cargamento: lo que los nómadas de arena venden de mesa en mesa por todo Moirën.