Pueblos de Amarún
Waya
el panadero de Tehrhrad
En la vieja Tehrhrad, la panadería del viejo Waya despacha el pan más famoso de toda la región, y a su mostrador llegan por igual el genio y la buscapleitos, el mercader y el guardia. Su dueño no nació en el valle ni en continente que la mayoría conozca: llegó de Amarún, allende el mar, empujando una carreta cargada de verduras y semillas que nadie en las Tierras Altas había visto jamás, y de ellas salen sabores que ningún otro horno sabe igualar.
De aspecto recuerda a un conejo, pero anda y habla erguido como cualquier persona; alto casi como dos hombres, de pelaje gris pardo, con una oreja caída y un parche sobre el ojo derecho que nunca explica. Viste como un comerciante común, salvo por una capa negra que prende siempre con un medallón de una serpiente enroscada, emblema cuyo significado se guarda para sí. Socarrón y de sonrisa pícara, reparte motes a sus parroquianos y rara vez habla de su pasado: es el primero —y por ahora el único— de los pueblos de los Confines que ha echado raíces en la ciudad de los hombres.