Segundos dioses
Möir
el primero de los dioses · quien nombró a Moirën
Möir fue el primero de los hijos del Gran Comienzo, nacido del primer amor de Galuin y Nivaen, cuando la unión de los supremos rasgó el velo de oscuridad del vacío. Tenía el aspecto de nubes y de fuego, y a su alrededor brotaban rayos de energía azules y dorados; tan lleno de vida estaba que en él se sentía brotar la magia, el primero de los dioses. Junto a su hermano Drael chocó su poder hasta formar la primera masa de tierra, inerte y sin vida, pero creada al fin por los hijos de los supremos.
Cuando Drael descendió a la tierra hecho semilla y no volvió a brotar, Möir lo creyó muerto y lloró desconsolado durante largo tiempo; sus lágrimas inundaron la tierra y crearon los mares, los ríos y los océanos, separando las masas resquebrajadas en continentes e islas. Pero fueron esas mismas aguas las que tocaron la semilla y devolvieron a Drael a la vida. Lleno de alegría, Möir nombró a la tierra Moirën, «hija de Möir». Y para que el mundo pudiera ser sentido, oído y tocado, tomó un poco de tierra y la moldeó en forma antropomorfa, con orejas puntiagudas para oír el viento y el mar: la llamó Ilüin, la iluminada, gran madre de los elfos, capaz de crear vida como su padre.
Como el mayor de las creaciones, Möir veló siempre por el equilibrio. Cuando Galuin y Nivaen volvieron a chocar y el cielo entero tronó atemorizando a los pueblos, se interpuso entre sus padres y detuvo sus choques, devolviendo la calma desde la nada hasta la tierra. Más tarde sembró los mares entre las tierras para que cada pueblo creciera aparte, a su propio tiempo, pues no olvidaba que todo tiene su propósito. Tras la muerte de los supremos accedió al plan de Ezra y entregó su espíritu a una de las piedras de poder, sabiendo que con ello dejaría de existir, para forjar el arma capaz de vencer a Goren.