Pueblos de las praderas
Gharib
el contrabandista de Moirën
Nacido entre los hombres montados de las praderas, en la lejana Kara-Orda, el que las crónicas recuerdan como Gharib vino al mundo con el nombre de Argun. Gharib —«el forastero»— es el rostro que muestra a desconocidos, el alias bajo el cual recorre los caminos del continente fingiéndose un comerciante pobre del desierto: una carreta destartalada tirada por una mula, un perro pegado a los talones y poco más que ofrecer a primera vista. Es un engaño deliberado, porque tras esa fachada se esconde, según se dice y según él mismo no se cansa de repetir, el mejor contrabandista de Moirën.
No ha cumplido aún los treinta años. De tez morena y complexión gruesa, lleva siempre por delante una gran sonrisa y una labia incansable: el más hablador de los hombres montados, capaz de granjearse la confianza de cualquiera con su carisma antes de que el otro advierta lo que de verdad transporta bajo la lona. A su lado viaja Anko, su perro de la pradera, compañero de todos sus caminos. Fue él quien introdujo de contrabando en Tehrhrad el séptimo libro, el manuscrito de Ezra; pero el plan se torció, cayó en una trampa y fue arrestado, sentenciado a veinte azotes y a prisión perpetua.
Sobrevivió, sin embargo, a la caída de la ciudad. Desde entonces su astucia se puso al servicio de Yluvia: la escoltó en la huida, ideó el plan de fuga a través del bosque y la condujo a salvo hasta el claro de Terglade, donde otros habrían de unirse a la marcha. El contrabandista que fingía no tener nada terminó cargando con lo más valioso que el mundo guardaba.