Dioses supremos

Galuin

el dios dorado · padre de la luz

Antes de que el tiempo pudiera contarse, en el vacío habitaban dos energías sin origen conocido. Una de ellas era Galuin: un rayo de luz dorada que ardía en la oscuridad, calor puro, padre de todo lo que vendría. Durante una eternidad danzó y chocó contra Nivaen, la luz fría, hasta que la atracción entre el oro y el azul los unió y rasgó por completo el velo del vacío. De aquel primer amor nació Möir; de un segundo, Drael.

El temperamento de Galuin marcó el mundo entero. Su ardor dorado, vertido sobre el poniente, volvió aquellas tierras desiertos donde el aire tiembla. Pero fue también su sombra la que engendró la desgracia: cuando Nivaen creó a Ezra sin contar con él, los celos lo consumieron, y descendió a moldear una criatura propia, llenándola de tristeza y de fuego. La llamó Goren, y con ella, sin pretenderlo, entregó al mundo su primer mal.

Arrepentido al ver en qué se había convertido su hijo, Galuin bajó junto a Nivaen para confrontarlo. Goren les robó el poder y los mató a ambos. De toda la luz dorada que un día llenó el vacío solo quedó el sol, que aún hoy vigila Moirën de día, recorriendo el cielo en sentido contrario a la luna, condenado por su propio orgullo a no encontrarse nunca más con ella.