El pantano · las hadas

Etiel

el príncipe del pantano

Joven guerrero y príncipe del pantano de las hadas, Etiel sirve como pupilo de confianza en el reino de Mindrael, en Drael Mor Den. De él se dice que reúne «la sabiduría de cien magos y la fuerza de un dragón», y que a esa fuerza y a esa sabiduría sobrehumanas suma una nobleza serena que no necesita alzar la voz. Como todas las hadas, cambia de tamaño a voluntad y porta el arsenal de los suyos: armadura de hojas doradas y espada de filo inagotable.

Lo conoció el mundo en el Gran Torneo de Tehrhrad, donde compitió como campeón de las hadas. Cayó en la segunda ronda ante un enano, se rehízo y venció el tercer día, y por mandato de Mindrael se convirtió en protector de la reina Yluvia. De aquella custodia nació un amor, y de aquel amor, Anmara, la única semilla de esperanza de la saga.

No llegó a verla nacer. A un solo día de regresar a su hogar, los jinetes de la sombra lo emboscaron en las praderas de Altan Tengriz. En la lucha descubrió que aquellos jinetes eran mortales poseídos —al abatir a uno, la sombra se desprendió y bajo ella reconoció a Subetei, su rival del torneo—, y ese instante de espanto le bastó para bajar la guardia. La sombra de Goren se derramó sobre el llano y, cuando pasó, no quedó de él más que su espada clavada en la ceniza. Nadie lo vio caer ni halló su cuerpo: se le presume muerto, aunque su suerte sigue sin saberse, dejando a la reina sola con la promesa que ambos habían concebido.