Orden de los Magos de Elorem

Anael

guardián de la Orden de Elorem

De cuantos discípulos formó Ezra en sus últimos años, ninguno cargó con un peso semejante al de Anael. Fue él quien recibió de manos del primero de los magos la única encomienda que importaba —hallar el paradero de Goren y la forma de derrotarlo— y quien, cuando el cuerpo de su maestro se desvaneció y su espíritu se esparció por los confines, quedó al frente de la Orden de los Magos de Elorem, la que reunía a los más poderosos y sabios de todos los tiempos.

Llegada la era del concilio de los siete reyes, Anael tomó trono en representación de la Orden —el séptimo de aquel concilio—, entre Mindrael, rey de las hadas, Briela, reina de los elfos, y Dra Aber, rey de los enanos. Cada uno de los siete dejó un libro de su puño y letra, y de todos fue el suyo el que el tiempo volvería leyenda: el séptimo, en el que vertió su propio poder y que habría de perderse durante miles de años.

Pero el nombre de Anael no quedó escrito solo en la gloria. Generaciones más tarde, en la Guerra de los Olvidados, fue su mano la que violó la prisión de Goren y dejó escapar a la sombra que su propio maestro había encerrado en la roca negra de las montañas del este; el poder que había vertido en su libro ayudó a liberarla, y con ello se volvió traidor del concilio y de su propia Orden. Sería su discípulo Amonar quien lograra reencerrar a la sombra. Así, el guardián de Elorem heredó la sabiduría de Ezra y también, sin quererlo, una porción de su tragedia.